lunes, 3 de diciembre de 2012

BURKINA FASO:Un español costea el centro tecnológico más moderno de África Occidental

Hay gente que lleva una vida previsible: metro, boulot, dodó, que dicen los franceses (trabajar y dormir). Y otra que no sigue absolutamente ninguna regla y se lía la manta a la cabeza cuando menos se lo espera uno. A esta segunda hornada pertenece Félix Pérez Ruiz de Valbuena, un soriano que casi roza los 60 y que un buen día abandonó su carrera empresarial en España para irse nada más y nada menos que a Burkina Faso, donde, por no haber, no hay ni resorts turísticos. Y allí, cual don Quijote luchando contra los molinos, dedica sus días desde hace años a la única biblioteca española que hay por aquellos lares, en ese país antes denominado Alto Volta y que figura como uno de los más pobres del mundo.
Pero vayamos a los inicios de esta historia: Félix lleva toda su vida dedicándose a la enseñanza, no en vano es uno de los fundadores, junto con sus hermanos, de las academias Adams, pyme que, por otra parte, destina parte de sus beneficios a construir escuelas y pozos en distintos países de África, entre los cuales está Burkina Faso.
Fue así como Félix empezó a viajar a este destino, hasta que un buen día dejó su carrera empresarial, vendió sus acciones y destinó ese dinero a instalarse en el país africano y a construir el que, sin duda, es uno de los centros de enseñanza y tecnología más modernos de África Occidental: la biblioteca Olvido Ruiz de Valbuena.
La biblioteca, que lleva el nombre de su madre, tiene cibercafé, sala de conferencias, de informática, cine 3D, etc. Abre de 9 de la mañana a 21 horas, emplea a 18 personas y cuenta con un fondo editorial de 5.000 libros. Aunque lo que más impresiona de ella es su nivel tecnológico: hay 70 equipos de última generación destinados a las clases y 18 en el cibercafé… Todo un desafío en un país donde las carreteras asfaltadas brillan por su ausencia y donde la mayor parte de la población vive en las áreas rurales.
“Primero pensé en abrirla en la capital, en Ouagadougou, pero allí las parcelas eran más caras, así que acabé aquí, en Ouahigouya. También compré un terreno de 40 hectáreas para montar campamentos para niños, pero nos quedamos sin fondos”, comenta Félix.
La biblioteca ofrece cursos de informática (60 horas por 15.000 CFA, unos 23 euros), de idiomas, los sábados y domingos hay cine, los jueves cuentacuentos… La hora en el ciber cuesta 500 CFA, ni un euro. Félix y Asséto, la directora general del centro, se dedican a dar a conocer la biblioteca por los institutos y los jueves, por ejemplo, recogen a niños de las escuelas en los pueblos de los alrededores para que descubran lo que es una biblioteca… ¡y un ordenador!
La biblioteca ha sido financiada únicamente con los fondos de Félix. Un millón de euros. Esta es la espectacular cifra que ha costado poner en pie semejante proyecto. Dinero y paciencia, porque aquí las cosas son como en palacio… van despacio. “Lo más frustrante es que todo es muy lento, son muy informales”, se queja Félix, quien a veces tiene ganas de tirar la toalla. No es difícil comprenderle y para ello, basta una anécdota: hace tres años se celebró un maratón en la carretera que une la capital con Ouahigouya. Los organizadores marcaron el recorrido con neumáticos: a día de hoy, los neumáticos aún siguen en la carretera.
Sí, el ritmo de África nada tiene que ver con el europeo. Ni sus gentes. Ni sus condiciones de vida. Pero lo que pasa en África tampoco sucede en otros países, para lo bueno y para lo malo. Sólo eso explica que a Félix se le reciba como a un rey cuando visita alguno de los pueblos donde ha construido pozos y escuelas, como en Ouagandé, donde los niños, unos 200 tirando por lo bajo, le esperan el tiempo que haga falta, bajo un sol de justicia a pesar de estar en noviembre, para darle la bienvenida cantando “Olvido, tonton Félix…”. Ojalá esta canción improvisada siga sonando muchos años y este centro de conocimiento siga acogiendo a mentes inquietas.