sábado, 17 de noviembre de 2012

DANIEL LACALLE : EL ESTADO NOS ATACA


“Inflationism will not solve the problem brought by parasitical relationships. The greater the entitlements state, the lesser economic growth”
Si hay algo que me preocupa de la posible y tímida recuperación de la economía española que comenta en este excelente documento nuestro compañero Ignacio de la Torre es caer en el optimismo, volver a los vicios del pasado y no trabajar para cortar ese cordón umbilical estado-deuda-sector financiero, vasos comunicantes del riesgo exponencial que tanta desconfianza genera en los mercados.
“El dinero público no es de nadie”
El martes, la prensa internacional mostraba las dramáticas imágenes de la huelga general. Y ante las reclamaciones de unos y otros de “olvidar el déficit” -más deuda-, de derechos sociales -más deuda-, imponer políticas de crecimiento -más deuda- y de llevar a cabo un impago -quiebra-, me preguntaba por qué somos tan egoístas que aplaudimos mientras nos gastamos el dinero de generaciones futuras bajo la ilusa promesa de que “ya creceremos” y, sin embargo, nos rebelamos contra las consecuencias de ese despilfarro.
El mayor engaño de la pasada década fue llamar "crecimiento" a "deuda", y el actual llamar "austeridad" a "despilfarro contenido". Como les he mostrado en mi gráfico favorito en varias ocasiones, el crecimiento de España, excluyendo el efecto de deuda, fue muy bajo (casi cero anual) durante la burbuja, y lo que llaman ahora “austeridad” es solo ligerísima moderación presupuestaria, consecuencia del despilfarro anterior.
Piensen lo bien que estaríamos hoy si hubiéramos hecho en 2005 una huelga con una buena pancarta diciendo: "no hipotequemos a nuestros nietos" cuando multiplicábamos la deuda por dos.
El problema del endeudamiento radica en que es una droga y que, además, nubla la prudencia a la hora de gastar o invertir. Y que cuando se acaba, el “mono” es peor de lo que nadie imaginaba. Se empieza justificando para “hacer inversiones de crecimiento” y se acaba despilfarrando en gastos tan “sociales” como los 12.000 millones que pagamos en subvenciones. Se empieza pensando que se pagará con crecimiento, luego que se pagará con más deuda de fondos exteriores, después que se pagará con más impuestos y, finalmente, se quiebra.
Desde 2003, cada euro nuevo de deuda ha generado productividades marginales cero y, desde 2004, negativas (fuente Goldman Sachs). Es el “umbral de saturación de deuda”.
Corremos el riesgo de pasar de saturación de deuda a saturación impositiva, que genera destrucción de crecimiento, riesgo de descapitalización y quiebra.
Como a los drogadictos, siempre nos parece que “yo controlo” -mi deuda sobre PIB es menor que la de Japón- y “a mí no me va a pasar” -España no es Grecia-, o el actual “mi colega está peor” -la deuda privada es mayor-.
A ver. La deuda privada se contrae libremente. La deuda privada excesiva se repaga con ampliaciones de capital, desinversiones y caja libre. Si la empresa no puede pagarla, quiebra, se venden sus activos y se liquida. La deuda pública es impuesta obligatoriamente. La deuda pública se repaga con más impuestos y más recortes y si no se paga, se arruina a los ciudadanos. Importantes diferencias.
El mayor riesgo para la recuperación: la simbiosis Estado-banca
Sin embargo, la distinción deuda privada-pública y el mercado libre, donde la quiebra y el riesgo crediticio son pilares fundamentales para garantizar el correcto funcionamiento del sistema, se distorsionan cuando entran el clientelismo y los favores.
¿Por qué se rescatan bancos y empresas de sectores “estratégicos” (oigo la palabra y me entran escalofríos)? Porque los bancos tienen un 34% de su balance en deuda pública y porque cuando cae el crédito, ¿saben quién no puede sufrir la pérdida de crédito “credit crunch”? La Administración Pública.
 
El gráfico inferior, cortesía del Banco de España, muestra el terrible impacto de lo que en el mercado se llama “crowding out” -cuando el Estado acapara el crédito disponible y hunde el acceso al crédito de familias y empresas-. Las Administraciones Públicas (AAPP) han visto multiplicar su acceso al crédito mientras el resto de sectores (OSR, otros sectores residenciales) perdían acceso a la financiación. Y también esasempresas públicas que se crearon con alegría hasta acumular 55.000 millones de deuda y que hoy no se pueden cerrar porque ni tienen valor, ni se puede asumir su deuda.
Por eso se rescatan bancos en todo el mundo. Para que la burbuja de crédito a las Administraciones Públicas no estalle. Y esto no sería un problema si se creara riqueza en vez de cubrir gastos corrientes, pero cuando “invierten” agárrate que viene otro aeropuerto inútil, y el coste de esa deuda se va a repagar con impuestos y menos crédito.
 
La deuda en sí misma no es mala. La deuda es mala cuando no genera ninguna rentabilidad. Y, como en cualquier actividad económica, hay “inversiones sociales” que no generan rentabilidad económica y son aceptables, pero éstas no pueden acaparar y sobrepasar a las inversiones que generan rentabilidad, porque de lo contrario llevamos a cabo una espiral de gasto, que implica más deuda y más impuestos, un mayor empobrecimiento, menos ingresos, el mismo gasto, más deuda y la quiebra.
El gasto público en España, según Eurostat, es del 45,2%. Si sumamos comunidades autónomas, empresas públicas y otras administraciones y quitando transferencias es del 50,2%. Ese porcentaje es imposible de soportar cuando se tiene una economía cíclica y centrada en servicios y exportaciones como la nuestra.
¿Y me dicen que el problema es el petróleo? Me lo dijo un lector el otro día. Claro, la factura petrolera es menos de un 4,5% del PIB, las Comunidades Autónomas, el 10% y el gasto público, el 50,2%. Claramente culpa de la OPEP. Obvio.
Es curioso lo que escuché al líder de un partido que afirma que la “austeridad es criminal” en televisión. Dijo que “él sería un buen ministro de economía porque es muy austero y ahorra”. Sin embargo, lo que quiere para su familia no lo quiere para el Estado. Efectivamente, este señor ha llevado a cabo una gestión de su economía impoluta, adecuando ingresos a gastos y manteniendo un “gasto social” -su familia, la educación de sus hijas- sin endeudarse. Cada euro que ha cobrado se lo ha trabajado. Sin embargo, no quiere esa gestión para su país y quiere que el mercado nos regale el dinero. Porque el dinero no es de nadie. Pues el mercado no financia donaciones.
El riesgo Estado en el sector financiero
Seamos claros. Sin confianza en el Estado y en el sector financiero no habrá recuperacion. Por eso, la austeridad y el balance de cuentas públicas es esencial para todo. Crédito, crecimiento privado y derechos sociales.
Mucha gente me dice que “los bancos se forran pidiendo prestado al BCE al 1% y comprando deuda pública al 5%”. Hay varios errores en esa frase:
- Para el inversor, el banco está corriendo un riesgo muy alto. No es un chollo, es una imposición implícita del Estado de “comprar sus bonos”. Para que aparezca el famoso titular “el Tesoro coloca con éxito…”. Claro, porque lo compran todo los bancos.
- Sin embargo, el riesgo de esa inversión, por mucho interés que pueda dar, reside en el principal y en el peso de la exposición a deuda soberana. Es como si usted dice que gana mucho porque compra una casa y luego la alquila a un inversor. Y entonces compra todas las casas de la zona y se las alquila al mismo inversor. Si de repente dejaj de pagarle el alquiler, o valen menos por acumulacion de riesgo, o le acampa una comuna de gangsters en el jardín, su “inversión chollo” es ruinosa. Cuando el Estado copa no solo el crédito, sino la inversión de la banca, el riesgo y la dependencia es tremendo. El gráfico inferior muestra la cantidad de deuda pública en el balance de los bancos.
 
El riesgo Estado en los derechos sociales
La importancia de cuadrar las cuentas, de dejar de despilfarrar y de moderar la deuda impacta en sus derechos sociales. ¿Cómo? Las instituciones públicas, seguridad social, pensiones y otras tienen enormes cantidades -en algunos casos más del 90% de sus recursos- invertidos en deuda pública. Si el Estado sigue endeudándose y creando un agujero de gasto improductivo del que no puede salir, el impago nos lleva a la quiebra de dichas instituciones. Por eso, no entiendo cuando piden dejar de pagar la deuda.
 
El riesgo Estado en la creación de riqueza
El número de empresas que están reportando pérdidas o rebajando sus estimaciones para 2013 no hace más que crecer. Y más impuestos significa menos inversiones. Las inversiones en España de las empresas del Ibex en 2013 caerán un 35%.
Siempre me hablan de los mal llamados paraísos fiscales, que en realidad son “refugios fiscales”. No hay paraísos fiscales, hay infiernos fiscales. ¿Qué nos impide hacer de España un refugio fiscal? Recaudaríamos más, cubriríamos nuestros servicios básicos y los ciudadanos con más renta disponible, consumirían más. Los refugios fiscales, si sirven de algo, es precisamente para atemperar la voracidad recaudatoria de los gobiernos. ¿Dónde se creen que estaría el tipo marginal de IRPF si no existieran? Me dice un lector “porque entonces los paraísos fiscales bajarían más sus impuestos y no serviría de nada”. Sin embargo, qué sorpresa, eso no ocurre. Porque, como todos, tienen unos gastos públicos cercanos al 25% de su PIB.
 
El déficit como gran error
No entiendo cómo los ciudadanos que critican a los políticos piden más déficit y más deuda cuando no ha funcionado. Repetir. ¿Se quejan de mala gestión y piden que se destinen más recursos a los malos gestores? ¿Se imaginan que su fondo de pensiones perdiera dinero y ustedes le dieran más dinero aún?
El problema es que, como el maltratador que le dice a su señora “sin mí no eres nada”, les han convencido de que la única salida al problema de gasto y deuda del Esttado es más Estado y deuda. Y para ello hay que minar la confianza del individuo. Sin embargo, el español es muy listo. Y sabe que saldremos de ésta y que si hay algún brote verde lo ha generado el sector privado, esas empresas medianas y pequeñas que proporcionan el 70% del valor añadido y empleo del país.
El despilfarro, el gasto y la deuda siempre se toleran. Pero no se valoran sus consecuencias. Según la Comisión europea, España registrará un déficit -pérdidas- del 8% en 2012 -y, de ello, menos del 1% es por las ayudas a la banca- y del 6% en 2013 y 2014, con una deuda sobre PIB del 97,2% en 2014. ¿Austeridad?
Tengan en cuenta que para generar recursos suficientes para cubrir solamente el aumento de deuda que suponen esas predicciones -que sinceramente espero que no se cumplan- España tendría que recaudar el 50% de todos los ingresos de 2011 en los próximos tres años, solamente para mantener la deuda del Estado “sin crecer”.
Lo bueno de planificar para cuadrar gastos e ingresos es muy simple. Si se equivocan, y el país crece más, se ahorra y se mitigan los impactos si se vuelve a la crisis. Lo que todos ustedes hacen cada día. Lo malo de la política de la hormiga contra la cigarra es que cuando llega el invierno ya no queda nada, y lo que es peor, se depende de la caridad (del BCE, del FMI, de quien sea), que suele venir con exigencias que nos empobrecen y nos hacen menos libres.
La austeridad no mola. No genera Invercarias, Omniums, películas sin estrenar de presupuesto subvencionado, fiestas comarcales con el cantante de moda pagado con deuda, pisos que nunca bajan, subvenciones, aeropuertos y consejos de cajas en las Bahamas.
La austeridad fastidia, pero más fastidia, y a mucha más gente durante mucho más tiempo, la quiebra.